Burkinis desde Cantabria.

La empresa Haramlak, con sede en Bezana, es la única que fabrica estos trajes de baño en España.

Dos emprendedoras cántabras, una de ascendencia marroquí y otra argentina, se han impuesto con fuerza en el mercado internacional

Se llaman Soumia Elouali Hanini (Santa Cruz de Bezana) y Romina Cusulini Robino (Santander). Tienen 41 y 44 años respectivamente y ambas son españolas; una tiene ascendencia marroquí; la otra, argentina, y su actividad empresarial se desarrolla en la región. Tienen su empresa radicada en Santa Cruz de Bezana y son dos emprendedoras especiales, posiblemente con la vista más aguzada para el negocio. Son las dueñas de la marca Haramlak, que bajo el epígrafe ‘Trajes de baño y ropas de protección solar’, son las únicas que en España fabrican burkinis de alta gama, con un diseño de primera línea, y que fabricados en Barcelona, pero promovidos y gerenciados desde Cantabria, están llevando esta prenda a todo el mundo, especialmente a los países árabes.

Sus diseños no tienen nada que ver con los habituales vestidos que cubren todo el cuerpo de las mujeres de religión islámica porque su catálogo exhibe modelos que bien podrían encuadrarse en la alta costura. Su trabajo –explican– «no tiene connotaciones más allá de la moda» ya que también venden sus diseños «a personas que tienen problemas de sensibilidad al sol o que por razones de salud deben proteger todo su cuerpo en una playa o en el baño».

Ha sido en Francia y Bélgica donde ha explotado la polémica sobre el uso del burkini aunque en España, puntualmente se ha producido algún hecho que se considera aislado. El burkini se ha admitido en algunas piscinas de Cataluña siempre que esté confeccionado con neopreno o licra, aduciendo razones de higiene y por ser materiales que suelen usarse en el mar. La venta es difícil –que no imposible– en exposiciones directas al público. De hecho las principales páginas de venta on line los tienen a la venta. Directamente, la última firma en ofrecer los ‘burkinis’ ha sido la sueca H&M, y también se han sumado los grandes almacenes británicos Marks&Spencer, donde se adquiere por algo más de 60 euros. Algunas firmas diseñan pensando en los clientes musulmanes, y se espera que este mercado alcance los 500.000 millones de dólares en 2019, el doble que en 2013.

«Es una locura», ha explicado la creadora del burkini, Aheda Zanetti, a la agencia de noticias ACB. «Al día siguiente de desatarse la polémica sobre la prohibición en Francia, recibimos 60 pedidos on line, todos de personas no musulmanas», agrega la diseñadora de Sídney, de 48 años, que explica que normalmente recibe entre diez y doce pedidos un domingo. Las diseñadoras cántabras se abonan también a esta situación ya que los pedidos se han ido sucediendo en estos tres años al alza, «sobre todo desde los países árabes».

Modelos de alta gama

‘Burkini’ es un acrónimo de burka y bikini. Aheda Zanetti, una diseñadora australiana de origen libanés, lo impuso como moda en 2003, y fue utilizado por primera vez en Australia. Su venta se ha introducido en algunas de las grandes cadenas internacionales de ropa deportiva y de baño, «aunque en Cantabria y en España sólo se pueden comprar de momento por internet».

Soumia y Romina hacen ellas mismas los diseños, prendas que confeccionan con telas italianas de primera calidad y con apuestas estéticas innovadoras. Desde 85 a 120 euros hay que pagar por uno de estos burkinis, algunos de ellos fabricados con materiales de lujo, como cristales de Swaroski. Los comercializan en toda Europa pero tienen el ‘nicho’ de clientas más importante en los adinerados países árabes.

Romina es diseñadora de ropa deportiva de ‘estilo’ bajo la marca ‘Runway Sport Rws’. Soumia también trabaja en el mundo del estilismo –estética– y era clienta de Romina. Así se conocieron, se aliaron y desde hace tres años fabrican y venden –preferentemente exportan– lo que se ha dado en llamar burkini, prenda que no sólo se utiliza para la playa sino también para hacer deporte «y no sólo como una forma de vestir con connotaciones religiosas o sociales sino también» –insisten– «por quienes lo necesitan por motivos de salud». Su propósito: «Estar cómoda pero con estilo».

El burkini y Cantabria

En Francia, el uso de esta prenda ha suscitado polémica, e incluso, prohibición aunque el viernes pasado, el Consejo de Estado francés, la mayor autoridad administrativa del país, ha suspendido el decreto de Villeneuve-Loubet, en el sur de Francia, que prohibía el burkini en sus playas. El fallo, muy esperado, hará jurisprudencia.

En Cantabria no hay ninguna norma que estipule que alguien no pueda bañarse en una playa con el cuerpo totalmente cubierto, aunque existen dudas sobre si se podría hacerlo en una piscina.

Dicen las autoridades religiosas –musulmanas– en Cantabria que la polémica sobre el uso del burkini «es artificial, una especie de serpiente de verano, quizás promovida por la reacción que está teniendo Francia tras los atentados que han sacudido al país vecino», explica Milad Masun, imán de la Mezquita de Santander, una de las más numerosas de la región.

Considera que lo que está ocurriendo es un «hecho anecdótico» en España y que, en absoluto, su religión «dice cómo ha de bañarse una mujer. Eso queda en la decisión de cada cual y de cómo quiera interpretar, vivir y sentir El Corán», añade. De hecho –añade– si en una familia de religión islámica «una mujer opta por bañarse en traje de baño, nadie se lo va a prohibir, como si quiere bañarse en pantalones vaqueros y camiseta, como lo hacen otros ciudadanos no musulmanes en cualquier playa de Cantabria o España, sin que por eso puedan multarles», precisa el imán santanderino.

Sin normativa

Lo cierto es que en Cantabria, en los municipios de costa con arenales, no existe ninguna normativa que determine cómo ha de meterse vestida una persona en el mar: «Disponemos de una Ordenanza Reguladora del Uso y Convivencia de las Playas, pero sin que se determine cómo tiene que estar vestido quien quiera darse un baño», explica Ignacio Quirós, concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Santander y responsable del área de playas.

De hecho, bajo el epígrafe ‘Normas de convivencia ciudadana en las playas, parques y jardines del término municipal de Santander durante la temporada estival 2016’ se especifica la prohibición de llevar animales a los arenales, o disponer de aparatos de sonido que perturben la tranquilidad de los usuarios, pero nada sobre cómo ha de ir vestido un usuario. Sólo determina que «están obligados a cumplir las instrucciones de uso y protección que figuren en los indicadores, rótulos y señales, y, en general, las demás que formule la autoridad municipal». Y estas nada dicen sobre indumentarias.

Duda en las piscinas

Donde, aunque sin expresa mención al burkini, podría encontrarse alguna limitación al hecho de introducirse en una zona de baño completamente vestido –donde se llegaría a encuadrar el burkini– es en el Reglamento Sanitario de Piscinas de uso Colectivo en Cantabria. Esta reglamentación, que data de 2008, y publicada en el BOC (Boletín Oficial de Cantabria ese mismo año), establece en el artículo 2 del CapítuloV que «está prohibido acceder a la zona de baño con ropa o calzado de calle» y que obliga el uso de gorro de baño «en las piscinas cubiertas con recomendación en las descubiertas».

«La verdad es que el Reglamento fue redactado antes de que se impusiera, como está ocurriendo en algunos países, el que llaman bikini-burka y malamente podría preverse una circunstancia que no existía en el momento de hacer la reglamentación», explica un letrado del Gobierno de Cantabria.

Los musulmanes en Cantabria dejan aún más en el aire la posibilidad de llegar a prohibirlo: «¿Qué pasaría si la moda occidental impone que los trajes de baño sean de cuerpo entero?», se pregunta Youssef Hakam, un marroquí que vive en Polanco, casado con una torrelaveguense. Y añade que «tras los problemas que está provocando el sol en la piel, por los cambios en la capa de ozono, no es inusual ver cómo hombres y mujeres se zambullen en el agua con camiseta y si a esta le añadimos que los traje de baños, por ejemplo, de los varones cada día son más largos, casi estaríamos hablando de un vestido de cuerpo entero», razona.

Entre los grupos feministas nadie considera este hecho relevante –al menos las mujeres consultadas– aunque siempre precisando que «cuando la mujer tome esa opción libremente, sin ser coaccionada ni por las personas de su religión o sus líderes».

Fuente : El diario de montanes

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