El EIIL como instrumento de guerra subsidiaria contra la población occidental

 

El resultado evidente y, por tanto, el objetivo de los horribles ataques en París que fueron atribuidos a los terroristas del EIIL [Estado Islámico de Irak y el Levante – NdT] es provocar un posible “punto de fractura” sociopolítico entre los musulmanes franceses y los franceses cristianos (en su mayoría no practicantes) y desatar un debate en cuanto lo que se debe hacer con respecto al “multiculturalismo” de Francia y Europa en una era de terrorismo yihadista.

Esta es una maniobra especialmente cínica, y francamente malévola, en el contexto de la reciente afluencia de un gran número de migrantes sirios a Europa, quienes huyen de una guerra contra el gobierno de Assad que fue desatada y que ha sido plenamente respaldada por los poderes occidentales, incluyendo Francia.

Para decirlo más claramente, Francia ha estado apoyando en Siria al mismo tipo de terroristas yihadistas que acusa de ser los responsables de los atentados en París.

Como señalé en un artículo anterior, es de conocimiento público que después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Estados Unidos y los países que pertenecen a la OTAN establecieron redes paramilitares encubiertas en países europeos con el objetivo de realizar ataques terroristas contra civiles europeos para provocar el punto de fractura sociopolítico de aquel entonces, entre Oriente y Occidente y entre las ideologías comunistas y capitalistas.

Muchos atentados terroristas fueron llevados a cabo por la red ‘Gladio’ entre los años 1960 y 1980, Varios de ellos fueron dirigidos contra civiles europeos, matándolos en ataques similares al ocurrido en París el pasado fin de semana. Hoy en día está en marcha la misma estrategia de crear tensión mediante ataques terroristas contra la población occidental con el fin de lograr los objetivos geopolíticos. La única diferencia es que el “comunista soviético” se ha sustituido por el “terrorista musulmán”.

Aunque los objetivos de una estrategia de este tipo implican el control de recursos tangibles, como el petróleo y el gas, que facilitan el control sobre las naciones, el control de la percepción pública (lo que la gente común piensa y siente) también es crítico. En última instancia, el poder de cualquier autoridad terrenal se deriva de las personas que lo apoyan, por lo que se debe mantener ese apoyo, a cualquier costo.

Con una autoridad relativamente benevolente, el proceso de asegurar el apoyo público se desarrolla naturalmente mediante la transparencia relativa de las acciones del gobierno. Pero cuando una autoridad establecida adopta activamente políticas que son la antítesis misma de los valores sobre los cuales supuestamente descansan sus posiciones de poder: el secreto, el engaño y la acción encubierta están en la orden del día, usando como disfraz los “intereses de seguridad nacional”.

Se da por sentado generalmente que Europa y el “Occidente” son los defensores globales de la libertad, la democracia y los valores de la “Ilustración”. Sin embargo, en los últimos 4 años los gobiernos occidentales y las agencias de inteligencia han estado apoyando activamente a algunos de los ejemplos más bárbaros de la escoria de la raza humana, todo en un esfuerzo por derrocar ilegalmente al gobierno de Siria elegido democráticamente. Al hacerlo, estos mismos gobiernos occidentales han facilitado la masacre de hasta 250.000 civiles sirios , además de hacer que varios millones más huyeran de sus hogares.

A pesar de estos hechos, las poblaciones occidentales son provistas con la misma propaganda recurrente y trillada, que pinta a los gobiernos occidentales como los bastiones de la justicia que luchan contra una horda de salvajes. Está claro que estamos siendo engañados al nivel de la “gran mentira” de Hitler que sostiene que “las grandes masas son más fáciles de engañar con una gran mentira que por una pequeña”.

La verdad es que esta “horda” de extremistas musulmanes son casi en su totalidad una creación de los gobiernos occidentales que la utilizan como una amenaza externa contra la cual Occidente debe “luchar” si quiere salvaguardar sus “valores”. Los “valores” occidentales en este caso son los mismos valores que motivaron al Imperio Británico hace 300 años, y desde entonces, a cada Imperio occidental: la conquista y el control de la mayor parte posible del mundo y de sus recursos, humanos y naturales.

Una batalla está en marcha en nuestro planeta, pero no es una pelea entre cualquier ideología religiosa o cultural convenida por las masas de gente común. Más bien se trata de una batalla entre los seres humanos normales (el recurso auto-renovable más valioso del mundo) y aquellos individuos psicológicamente aberrantes que se han introducido en posiciones de poder sobre las masas con el expreso propósito de acarrearnos a un control cada vez más estricto. Si duda de esto, tal vez desee mirar hacia el pasado, el curso que nuestra sociedad mundial ha tomado en los últimos 15-20 años.

No es casualidad que el aumento de las guerras y los conflictos en otras partes del mundo hayan progresado en conjunto con la militarización de la sociedad occidental y la pérdida de las libertades civiles. Supongo que se podría argumentar que el primero originó al segundo, y que es, por lo tanto, una consecuencia no intencionada. Pero ese argumento requiere que se ignore la gran cantidad de datos que demuestran inequívocamente que las guerras son planeadas y libradas con el fin de lograr los objetivos muy específicos de acumular el poder en manos de unos pocos.

Como señalé anteriormente, los que buscan el poder en este mundo, en primer lugar deben buscar el poder sobre la gente. Si esto no es posible a través de la difusión honesta de los valores genuinamente nobles, entonces debe ser forzado mediante el establecimiento de una infraestructura de estado policial que exige el cumplimiento y la obediencia de la población; de este modo, las autoridades pueden jugar su juego de “quién gobierna al mundo” en paz. Parece que no hay mejor manera de inducir el consentimiento sumiso en una población que invocando en ella el miedo a la muerte dolorosa y sangrienta. Obviamente, no quieren matar a todos, o ni siquiera a una gran cantidad de personas, pero con el poder de los medios digitales modernos, toda una población puede ser traumatizada indirectamente con un ataque terrorista sangriento bien orquestado.

Lo que está muy claro (para mí al menos) es que a la gente de este mundo no se les permitirá “vivir en paz”, ya sea directa o indirectamente. De hecho, se ha declarado la guerra de una manera intensa y agresiva, y si bien estoy de acuerdo en que la amenaza es producida “internamente”, sus representantes no son unos tipos barbudos en un vídeo de Youtube. Son más bien, los señores bien vestidos de traje y corbata que aparecen en el noticiero vespertino garantizando la libertad, la democracia y la seguridad para todos, aun cuando hacen exactamente lo contrario.

 

Joe Quinn

Laisser un commentaire

Votre adresse de messagerie ne sera pas publiée.

*